domingo, 16 de abril de 2017

LAS TERRAZAS - Jorge Medina Vidal (1964)

I
Señor tasador
mi herencia actual
una terraza.
(Los brotes de bambú se alternan
hacia el cielo,
inundan el espacio de ocre claro
y un verde silencioso,
pudieran deslizarse las aplysias
doradas por el aire).

Señor tasador
veinte tumbas cabrían
en esta terraza,
con suaves parámetros y escayolas y lemas.

Dos sillones de mimbre,
el mío
siempre inclinado hacia el Nordeste
tapizado de lona
verde y blanca,
húmeda hacia el extremo que pudiera
siguiendo la costura
llegar hasta la beta Casiopea,
un extremo más triste
el de la aurora.

Una mesa
y mantel,
dos libros, cenicero. Señor Muerte
además hay una rosa
que camina también por la terraza,
con cetro y la corona
rutilante.

Y al único habitante te lo llevas.

XIII
Ya nacieron, todos
los que me acompañarán al cementerio.

Ya el raso de tu mortaja
está guardado en algún sitio.

Ya sacó su libreta de chofer
el que me llevará al cementerio.

Ya los que pisotearán tus flores
caminan solos.

Ya empiezan los ritos de moda
a la hora de mi muerte.

Ya se evapora el agua que lloverá
en mi día.


XV
Llegan a la terraza
los que no necesitan acertar en el juego.
Los que juegan y están lejos
sin jugar,
los que traen un dado mágico
sin números
pero con furia arrojan algo en el cubilete.

Llegan a la terraza
los que van a morir completamente
-los que tienen, en cambio un mundo a ganar-
y ese mundo es de polvo
y hacen rosas con el polvo
y es una tierra gris en el envés de la mano,
y es polvo que cae
sin atracción
hacia una profundidad que se levanta.

Llegan a la terraza
y crean rincones de silencio,
grupos de soledad,
realidades que pueden
o no pueden
ser palabra o silencio.

Llegan a la terraza
los que nunca se movieron
y los otros,
reunidos en columnas,
espaciados,
ostentando que nadie va primero
para hacer una senda por el aire.

Y las duras luces de las estrellas

lo observan todo. 


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